El molino de la Albolafia, historia de Córdoba a orillas del río

No es solo un molino… es historia de Córdoba y está olvidado. Es fácil pasarlo por alto si estás visitando la ciudad, pero si te detienes un momento podrás ver siglos de historia.

Molino de la Albolafia de Córdoba.

Este es el molino más antiguo y emblemático de los que resisten en la ciudad.

Regar el Alcázar

En la orilla derecha del Guadalquivir, entre el puente romano y el Alcázar de los Reyes Cristianos, se alza una silueta que parece detenida en el tiempo: el molino de la Albolafia. Allí, donde el agua murmura historias antiguas, una gran noria recuerda el esplendor de una Córdoba donde la ingeniería hidráulica era más que una necesidad: era un arte.

Su función original fue clara y esencial: elevar el agua del río para regar las huertas del Alcázar. Una tarea vital que, siglos atrás, convertía la fuerza del Guadalquivir en vida. No era un molino harinero al principio, ni un batán para trabajar tejidos, sino una infraestructura hidráulica diseñada para garantizar el suministro a los jardines palaciegos.

El origen

El origen exacto del molino fue objeto de debate durante siglos. Algunos lo atribuían a la época romana, otros a los almorávides. Sin embargo, las investigaciones realizadas más recientemente confirmaron su origen almohade, entre los siglos XII y XIII.

Su importancia fue tal que desde el siglo XIV la noria forma parte del escudo oficial de Córdoba, símbolo de una ciudad que supo dominar el río sin condicionar la naturaleza.

Molino de la Albolafia.

Nuevos usos

Con el paso del tiempo, el molino de la Albolafia amplió sus usos. En los siglos XIV y XV, funcionó también como molino harinero y batán. Llegó a tener cinco ruedas, distribuidas entre la iglesia mayor y miembros influyentes de la oligarquía local. La estructura, sin embargo, se mantuvo casi intacta durante más de tres siglos, resistiendo crecidas, abandono y olvido.

No faltaron episodios curiosos: en junio de 1492, la reina Isabel la Católica -alojada en el Alcázar- ordenó desmontar la noria, molesta por el ruido constante de su movimiento. Aun así, la maquinaria del molino volvió a girar, bajo nuevas manos y nuevos propósitos, hasta su desamortización en 1855.

Detalle del molino de la Albolafia.

Vuelta a su lugar

En 1965, tras décadas de deterioro, el arquitecto Félix Hernández fue el encargado de devolver la noria a su sitio original por orden del Ayuntamiento. Y tras un incendio en 1992, se emprendieron nuevas obras que dejaron al descubierto sus antiguos canales de agua, una suerte de arterias de piedra que aún conectan el molino con el pulso del río.

Hoy, el molino de la Albolafia ya no gira. Pero sigue siendo testigo de una Córdoba donde el agua fue más que un recurso: fue símbolo de sabiduría, poder y belleza.

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