¿Sabías que la torre de la Catedral de Córdoba fue un alminar islámico?
La Catedral de Córdoba se alzó sobre un alminar islámico. Eso nos viene a contar algo maravilloso: el llamado a la oración no ha cesado en más de mil años. Este campanario, la parte más visible del templo cristiano, fue, en su día, el reflejo del poder califal.

Hoy en día suenan las campanas, pero hace un milenio podemos imaginar al muecín subiendo al edificio más alto de Córdoba para pronunciar el adhan, lo que se conoce como la llamada a la oración en el islam.
Porque no, la torre campanario de la Catedral de Córdoba, que define el skyline de la ciudad con sus 54 metros de altura, no siempre fue campanario. En la Córdoba andalusí fue símbolo del poder de Abderráman III.
Un califa poderoso
El califa no solo instauró el Califato de Córdoba y consolido el poder andalusí, sino que dejó su huella para la posteridad a través de la arquitectura. Abderramán I, su antecesor, había erigido la Mezquita de Córdoba en el año 786. Pero sus sucesores acometieron distintas transformaciones.
Y fue Abderramán III quien derribó el antiguo alminar para levantar una obra más imponente, una torre de 47 metros de altura con una base de 8,5 metros por lado. El trabajo se completó en el 958. Además de esta intervención, el califa agrandó el patio.
¿Qué queda del alminar?
Pero, ¿qué queda de aquel alminar? Si por algo destaca la Mezquita de Córdoba es por aunar el legado de dos civilizaciones. Cristianos y musulmanes hicieron del monumento más importante de la ciudad un legado único. Sin embargo, no toda la historia es tan evidente a simple vista.

Y con el alminar sucede algo así. Tras la conquista cristiana por Fernando III de Castilla en 1236, el edificio se convierte al culto cristiano. No solo se construyeron capillas. En lo que se refiere a la torre, el alminar perdió su parte superior y fue embutido en el actual campanario.
Si hoy miramos el campanario de la Mezquita de Córdoba, el minarete islámico original no se ve porque está dentro de la torre cristiana. Solo sabemos cómo era por bocetos antiguos y porque queda una pequeña ‘foto en piedra’: un relieve en la puerta de Santa Catalina.
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